Me encanta la gente

A la hora de escribir, algunos temas nos persiguen, se alejan y vuelven a tocar la puerta hasta que no hay más remedio, hay que abordarlos.

Hace unos días vi el programa de Bear Grylls, el último superviviente, aquí lo acompañaba el jugador de baloncesto Shaquille Rashaun O’Neal.  Luego de pasar las dificultades propias de este tipo de aventura, hacen un alto y conversan temas de la vida, Bear le hace preguntas a O’Neal sobre esos momentos de gloria y este refiere distintas anécdotas hasta que en un momento determinado dice: “me encanta la gente”.

 

Nunca había visto a nadie decir este tipo de afirmación, por el contrario son innumerables las veces que he escuchado o leído comenarios despectivos con respecto a la gente. Esto siempre me pareció ilógico, siendo como son parte de lo mismo que rechazan.

 

Hoy me encontré además con ese post de este entusiasta joven @elieserurabno el cual te invito a leer aquí.  En el mismo nos refiere la lectura que ha hecho del libro  El Vuelo de la Inteligencia, del filósofo, ensayista y pedagogo español,  José Antonio Marina y cómo este le cambió su manera de pensar con respeco a la sociedad y al lenguaje como forma de comunicación, que ha hecho que las sociedades puedan crecer al ponerse de acuerdo para generar formas de vida más humana.

 

 

Ciertamente,  si nos ponemos a detallar todo lo que el hombre ha hecho de manera destructiva sobre sus congéneres y el planeta podemos tener una idea de perversidad y acciones malévolas que dan muestra de una condición humana que no merece valoración alguna, pero hay también que considerar que existen adelantos y logros como muestra de nuestra capacidad creativa, inteligencia y sensibilidad que es necesario valorar.

 

Particularmente me gusta observar el juego de los niños, sus conversaciones, sus formas de ayuda cuando alguno de ellos se golpea o  sus reacciones de rechazo  a las acciones deshonestas,  sufridas en la escuela, entre otras, y si bien es cierto pueden ser despiadados a la hora de querer obtener ventajas en un juego o tomar acciones contra un animal indefenso, son fácilmente moldeables y asumen resposabilidades una vez se les hace ver la injusticia de sus actos.

 

Quienes pretendemos seguir remando en este inmenso océano nos vemos obligados a reconocer que el hombre le da sentido a todo, que son sus fortalezas, virtudes y  conocimientos los que dan origen a las formas que luego se concretan.  Su historia está llena de magnas hazañas grupales e individuales que han mostrado su grandeza.

 

Tan banal resulta mantenerse de un lado o de otro, en los puntos de vistas y subjetividades de cada quien,  si no se toma en cuenta el para qué de la argumentación a favor o en contra.

 

En una sociedad deteriorada por acciones nefastas de sus dirigentes, el que la masa, que llamamos pueblo, se concentre en pensar que no existen valores en la gente y que se es malo y ya, no le permite generar acciones propias que vayan en pro de sus semejantes, por el contrario, un sentimiento de apatía y dejadez se va instalando progresivamente.

 

Asumirnos como seres sensibles, creadores, inteligentes, que salen a flote en las dificultades, que asumen compromisos, que pueden cambiar, con valores y principios es una posición valiosa para avanzar y asumir nuevos retos.  Piénsalo.

 

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