Ante el rumor

Seguramente te ha pasado, escuchaste decir algo, lo creíste y luego te decepcionaste al enterarte de que solo se trataba de un rumor.

 

En las clases de Lenguaje y Comunicación una de las dinámicas que realizábamos se llamaba la “Clínica del rumor”, la misma consistía en lo siguiente: se entregaba una información por escrito a alguien, este la leía y luego se la decía al oído a un compañero, que a su vez iba a hacer lo mismo, hasta llegar al  último del grupo que además de escuchar iba a repetir lo que había oído.  Para sorpresa de cada uno de los participantes lo que este decía no se parecía en nada a lo que ellos habían transmitido, el mensaje llegaba al final totalmente distorsionado.
A partir de esta actividad se reflexionaba con respecto a  lo que ocurría en la comunicación cada vez que alguien comentaba una información, no solo la decía de manera distinta, sino que quien escuchaba también se hacía su propia interpretación.  Esto no es aplicable a un tipo de individuo en particular, es un fenómeno que ocurre siempre.  En general las personas deforman lo que escuchan o ven y hasta lo que viven, muchas veces tiene  un agregado subjetivo que altera el suceso.

 

Es conveniente también recordar la diferencia que existe entre “hecho”, “opinión” y “suposición”.   Al no saber reconocer las diferencias que existen entre estos términos, mucha gente escucha opiniones o suposiciones y las convierte en  sucesos, solo porque alguien con cierta autoridad la dijo o la escribió en algún medio.

 

En la actualidad este fenómeno se ha vuelto cada vez más frecuente,  debido a la facilidad que tienen las personas para tomar fotografías, hacer videos y manejar aplicaciones de edición.  Algunos no tienen escrúpulos en crear y divulgar información falsa, que rápidamente recorre  las redes y otros  medios de comunicación y se vuelven virales atrapando cantidad de individuos que de manera incauta colaboran con la propagación de los bulos.
Esto es lamentable sobre todo cuando se trata de comunicaciones que atañen a adultos mayores o personas vulnerables.  Se genera caos y malestar en una sociedad ya bastante vapuleada por la situación que se vive.  El sentimiento de impotencia y frustración que golpea a quienes se ven implicados en estas falsas noticias es imponderable.

 

Una recomendación sería no contribuir con la difusión de todo lo que llegue a la bandeja de mensajes de un teléfono, correo electrónico o redes sociales si no se tiene la veracidad de los hechos.

Si lo que se va a difundir puede herir susceptibilidades o no va a hacer ningún bien a quien la reciba es preferible mantenerse al margen.

Divulguemos las buenas noticias, manifestaciones artísticas y todo aquello que pueda sacar en el otro una sonrisa, eso sería más saludable para todos.

Cuando se tiene la certeza de las cosas es mejor esperar en calma y así evitar caer en la zozobra.

Imagen principal

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *