Aquí seguimos. Reflexión

 

La fe tiene tentáculos, quizá sea un poco tosca la imagen, pero eso solo si tienes una representación mental del pulpo como algo grotesco, yo podría usar una estrella u otra cosa que tenga puntas, pero me gusta la capacidad de adherencia que tiene cada brazo del molusco.

 

Cuando miro en el tiempo hacia atrás, observo momentos donde tuve mucha fe y esperanza de que algo grandioso ocurriera, hoy siete años después veo cómo cambió una realidad a otra y las alegrías que eso ha traído.

 

 

Puedo tomar otra ventosa del pulpo y ver otra realidad en otro contexto y ocurre igual, eso que en ese momento era una situación adversa hoy en día no lo es.  Escribo todo esto porque  a veces cuesta  en el presente ver lo que puede obtenerse si se espera que eso va a ocurrir.  Esa certeza es la fe.

 

¿Siete años? Podría parecer mucho tiempo si se piensa en períodos concretos pero si cada día vamos observando la cantidad de avances que vamos teniendo alrededor de la meta propuesta, el tiempo pasa y ni nos damos cuenta, además, no tiene por qué ser siete, ni tres, ni uno, el tiempo es relativo y hay grandes cambios que se producen de la noche a la mañana.

 

A veces nuestro pensamiento se queda pegado y palabras como monotonía o rutina son parte de nuestro vocabulario diario, sin darnos cuenta que hasta las células de nuestro organismo se renuevan diariamente.  Nada se repite, todos los días son diferentes y depende de nosotros mismos, según el énfasis que coloquemos a nuestra mirada resaltar esas sorpresas diarias y dejar atrás los pensamientos negativos que no nos traen sino tristeza y depresión.

 

Es posible que en esa manera de ver la vida nos consigamos con fuertes oponentes, personas cuyo estilo de pensamiento no es cónsono con nuestras creencias y se encargarán a lo largo del día de mostrarnos los eventos negativos para hacernos desistir y sin proponérnoslo caigamos en sus  redes. Pero es importante nunca perder las esperanzas.  La vida es lo que queremos hacer con ella, podemos sentarnos a esperar, lamentarnos y amargarnos o accionar y trabajar cada día en tener un entorno agradable.

Ser congruentes con lo que hacemos y decimos, la palabra no es sino el producto del pensamiento, y ser reflexivos y analizar qué hemos dicho, bajo qué circunstancia, cómo reaccionamos a las situaciones que van surgiendo, cuando actuamos coherentemente  y cuándo no, es una tarea diaria de este aprendizaje permanente que se llama vida.

 

Aquí seguimos y aquí estamos.

Todas las imágenes son propias editadas con el programa canva.com


 

 

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