Dependientes de la basura

A todo el mundo le asquea la basura, pero eso no quiere decir que todos sean aseados, muchos van a botar sus desperdicios a otros lugares, o esperan a que el camión que la recoge pase por el lugar. Otros se complacen es regarlas por cualquier lugar.

Cada día se producen más desechos en el mundo, incluso estamos mandando desperdicios al espacio, pero ¿qué pasa con las cantidades de basura emocional que cada día se produce en proporciones extraordinarias?

Nadie toleraría que otro le lleve una bolsa de basura y se la entregue para que decida qué hacer con ella, sin embargo, son muchas las personas que se vuelven portadoras de cajas malolientes, de manera recurrente. Salen a la calle, dan un paseo y recogen todo lo negativo que vean en el ambiente y luego regresan a la casa a vaciarla. La pareja, las amistades y hasta los hijos tienen que recibir su dosis diaria de inmundicia, quienes a su vez repiten el ciclo una y otra vez con quienes tienen cerca.

 

Pongo situaciones anecdóticas a considerar, por ejemplo, se hace la invitación anticipada a un concierto donde habrá invitados especiales, homenajeados, talento en vivo, música y buen ambiente en general: son pocos los asistentes, pero, alguien dice: “Se está quemando X negocio en la avenida” todos acuden a ver. Se tiene que hacer uso de las fuerzas públicas para ahuyentar a la gente que se empeña en ser los primeros espectadores aún a riesgo de tu propia vida.

 

Un video de un conferencista o un genio en cualquier arte, obtiene menos visitas que el que promete tener esparcida en el piso el cuerpo de una mujer que se arrojó de un edificio. Algunos compartirán el primero, muchos harán viral el segundo.

Si una persona fue víctima de un robo, contará la historia una y otra vez y las personas estarán dispuestas a escucharla, y a regar la voz, pero si esa misma persona cuenta que tuvo un logro laboral extraordinario, o un paseo estupendo y disfrutó de buenos momentos, la verán como alguien presumida que solo habla de grandezas y hasta podría generar un sentimiento de antipatía.
Por supuesto que la vida diaria no escapa a eventos que no quisiéramos ver u oír, y muchas veces es importante nuestra opinión y hasta acción en el caso, pero el que nos quedemos adheridos a ellos cotidianamente no hará sino que se nos agrie el carácter y la convivencia se vuelva insufrible.

 

¿Qué hacer?

Lo primero sería reconocer qué es basura y qué no lo es; qué es información necesaria y qué es algo que se acumula en nuestra mente y hace ruido; qué es importante para que tomemos una determinación, ayudemos u obtengamos un aprendizaje y qué es más de lo mismo que contenga quejas, reproches o informaciones inútiles de carácter negativo generalmente bolas o rumores.

 

La comprensión del sentir de la gente, sus motivaciones, sus formas de comportamiento, sus miedos hace que podamos ponernos en su lugar y comprender el miedo que les lleva a propagar rumores. En algunos casos hay también maquinaciones malévolas para mantener a la gente en zozobra.

 

Es bien sabido que un cuerpo que se mantiene bajo estrés permanente, tarde o temprano colapsa y es necesario evitar consecuencias nefastas por lo que te sugiero lo siguiente. En muchas de estas situaciones no hay nada que podamos hacer bajo efecto de la preocupación. Angustiarnos por lo que no tiene solución o por lo que no depende de nosotros mismos no ayuda mucho.

 

Por ello es conveniente:

Aferrarnos a nuestras convicciones personales positivas.

Inventariar las gratificaciones diarias y darles más peso que a lo negativo que surja.

Mantener el reconocimiento y agradecimiento por las tantas bondades diarias que cada día podemos obtener.

Realizar actividades que ocupen nuestro tiempo libre para evitar dedicarnos a dar vueltas en el mismo punto o quedarnos pegados en un solo pensamiento.

Plantearnos proyectos factibles donde podamos canalizar nuestra energía creadora.

Alimentar nuestras aficiones, y crearles espacio para su realización.

Ojalá podamos ocuparnos y no preocuparnos.

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