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Aprender a reírnos de nosotros mismos es necesario. Cada día surgen situaciones que pueden ser hilarantes, caídas, equivocaciones, sustos, sorpresas, de cualquier cosa puede surgir algo gracioso, pero también lo que hace reír a alguno le es totalmente indiferente a otro, porque sacar la situación de contexto le hace perder su gracia, sin embargo voy a contar mi anécdota para participar en este reto creado por @lisfabian al cual puedes sumarte leyendo más aquí

En una oportunidad salí a comprar alimento para las mascotas.  Dada la situación del país decidí salir sin cartera, ni teléfono, sino un monedero pequeño donde caben las tarjetas de débito,  escondido en la pretina del pantalón.  Me puse una blusa marrón, un pantalón beige, acomodé mi carterita y me fui.
Recorrí mis cuatro cuadras llaneras, como lo hago siempre, con paso ligero y la espalda muy recta.  Llegué al sitio, pedí el producto y cuando el vendedor se volteó a buscarlo, aproveché para sacar mi monedero, un movimiento que hago ya casi automático, en ese momento me doy cuenta que un lado de la blusa está más largo que el otro, rápidamente me toco el cuello y noto que sobresale  casi diez centímetros también en la parte del escote.  En mi apuro la había abotonado  de manera incorrecta; pensé en arreglarlo allí mismo, pero no iba a ser fácil, así que decidí taparme con la bolsa de gatarina y  reiniciar el regreso a casa.


 Fuente

Parecía correcaminos,  ya la necesidad de reírme se había apoderado de mí.  No hay cosa más incómoda que aguantar la risa en la calle. La gente me veía y yo trataba de disimular, pero era peor, me sentía la cara caliente, me dolían las mejillas, seguramente estaba roja, y con ese rictus tan extraño que se le monta a uno cuando trata infructuosamente de no reírse.
Ese trayecto se me hizo largo, trataba de pensar en otras cosas pero no podía, solo me imaginaba cuando entrara a la casa y me vieran.  Veía a las personas que había saludado antes  y pensaba si habrían notado mi atuendo. Obviamente andar en la calle vestida de esa manera es algo realmente ridículo y es lo difícil de asumir.

 

Por fin llegué a casa, no había nadie a la vista, llegué a mi cuarto a acomodarme y luego fui a contar lo sucedido  pero a ninguno le hizo tanta gracia como a mí. Quizá porque a veces también me he ido con un zapato diferente del otro.

 

 

<sub> La imagen ha sido editada para el concuros en imgur</sub>

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