Caminando en círculos

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Cada día es diferente, estos nunca se repiten, al llegar la noche y hacer el balance diario de todas las nuevas que se han presentado, vemos que son muchas las sorpresas y las iniciativas que invitan a un cambio.

Particularmente, me emociona cuando me consigo a una persona optimista en este camino llamado vida. Todos vamos transitando, unos más pausados, otros corriendo, algunos malhumorados, otros van cantando; yo trato de apegarme más a los que sonríen, porque cuando estoy pensando en deprimirme cualquiera de ellos me saca de ese estado.

 

Ante las situaciones que nos toca vivir podríamos encerrarnos, amargarnos, despotricar por todo y sumirnos en el caos aún más, pero también podríamos estar alertas a cada situación que aflore y que pueda ser tomada como señal de buenos aires. Darle la vuelta a los eventos y volverlos potencialidades para alcanzar lo que nos proponemos es una alternativa.

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Algunos de ustedes debe haber leído aquella fabula donde un maestro le muestra a su discípulo una familia que se mantenía gracias a una vaca, y le pide a este que la haga caer por un precipicio; al año el muchacho lleno de culpa va a visitar a la familia pobre y los encuentra en mejor situación económica porque se vieron obligados a buscar otro medio de subsistencia. Es una historia que de manera drástica enseña la facultad que tenemos para salir a flote de cualquier situación por funesta que sea.
Nuestra vaca está en el precipicio hace rato y su nauseabundo olor nos tiene aletargados e indispuestos para tomar decisiones eficaces. A veces pareciera que lo que llaman esperanza se ha quedado dormida y muchos avanzan en su camino con pasos lentos, encorvados y grises, girando en torno a la misma rueda siguiendo las pautas a las agujas del reloj.

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Otros giran en sentido contrario, atrayendo el pasado y lo perdido e inservible para imponerlo como el modo de vida ideal, siguen empecinados en las mismas vueltas repetitivas que los obnubilan cada día más.
No olvidemos que los seres humanos hemos demostrado a lo largo de los siglos la pericia para salir a flote aún de las más terribles crisis, guerras, hecatombes, desastres naturales. La historia es ejemplo de sociedades que se impusieron y transformaron su agonía en nuevos alientos que inclusive ahora pueden dar cobijo a otros.

¿Cuánto nos faltará dentro de este círculo perverso para reconocer nuestras valías y defectos y asumir responsablemente cada paso dado?

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