Elijo estar sano. Apago el televisor

Mi tema de hoy tiene que ver con los programas acerca de la salud que vemos en la televisión. 

Cada día luego del noticiero normal de la mañana, la mayoría de los programas tienen que ver con la salud, o mejor dicho, la ausencia de ella, o sea, la enfermedad.  Desfilan las más diversas patologías con invitados especiales cuya cara de circunspección anuncia lo peor.

Síntomas y características diversas se van enumerando con recomendaciones que además de la previsión y la visita obligada al doctor, incluyen la prohibición de algunos productos de la dieta del consumidor, que en nuestro caso han sido eliminados con anterioridad por las circunstancias vividas.


Tanto la invitación a la consulta; la ingesta de frutas, como la manzana, por ejemplo, o la prohibición de productos son un exabrupto en nuestra sociedad.  ¿Qué más se le puede prohibir o invitar a comer a un individuo que ya hace maromas para consumir lo que consigue? “Yo estoy  sano, fuerte, y vigoroso” es lo mínimo que puede decirse cada día al abrir los ojos en la mañana.

Luego de ver en la televisión que las características de una determinada enfermedad son: que le tiemble el dedo meñique del pie, le suden las rodillas y le crezca desmesuradamente una pestaña, es seguro que comenzarán las personas a revisarse los pies y empezar a sufrir de alguna de esos síntomas de una enfermedad, que hasta ahora, ni siquiera imaginaba que existía.  No necesita nadie ser hipocondríaco; la sociedad lo vuelve tal, como consecuencia  del bombardeo de imágenes e investigaciones sobre distintos tipos de padecimientos.

No sé si se ha dado cuenta del placer oculto o explícito que manifiesta mucha gente al hablar de sus enfermedades como si estas fuesen trofeos o medallas de honor.  Sus dolencias son su referencia obligada y al saludar a alguien, son preguntas de rigor: ¿estás enfermo?, ¿cómo te has sentido? No olvidaré nunca la discusión de dos mujeres que querían entrar al banco y estaban  en la cola de la tercera edad, ambas se quejaban de sus respectivos achaques frente al portero, de repente una de ellas dijo: “una diabetes no le gana a una osteoporosis”.

La lucha por querer estar sano puede convertirse en algo obsesivo.  La búsqueda de dietas saludables, ejercicios al aire libre y un buen estado de ánimo es importante para sentirse bien, sin embargo, la exigencia personal por cumplirlas al pie de la letra puede volverse compulsivo y generar a su vez otro tipo de problemas mentales.

 

Quien tiene una enfermedad no necesita escuchar en la televisión lo desagradable de la misma. Recuerdo un médico que me dijo una vez: “si usted busca una rosa en internet le aparecerá la más bella, pero si busca una enfermedad le saldrán las explicaciones y fotografías más terribles. No busque nada”.  Agradecí ese consejo.  Ni los rumores, ni las creencias, ni las explicaciones en la televisión contribuirán a sentirnos mejor.

¿Cuál es tu opinión de este tema? Tu comentario es importante para mí.

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